Teatro de Muñecos
Granito Cafecito
Un Escrito al Titiritero
Manizales - Colombia
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Juan Carlos Aguirre

¿Cuáles eran sus sueños profundos? ¿Qué extraños fantasmas y duendes acompañarán los rincones que con detenimiento observa? ¿Cómo lucharán en su cabeza los problemas cotidianos y su afán de imitar a Dios?.

Hoy se levantó temprano, estiró su cuerpo y lo sumergió en el aún frio y agresivo mar, vió iluminarse el cielo y allí estuvo sentado hasta que el sol le azotó con fuerza en el rostro y los hombros.

¡Había recordado tantas cosas!. Recordó a sus hijas, los cuatro retoños que más feliz le hicieron. Recordó a su mujer, ¿Aún la amaba?. Sonrió de un modo tierno y unos turistas que pasaban frente a él, viendo su barba, sus anteojos de intelectual y su vestido blanco improvisaron un arco en sus bocas creyendo que ese personaje distinto los saludaba. Recordó algunas de sus máximas invenciones y de nuevo removió su existencia con el interrogante esencial, el que de verdad lo acosaba, al que había evadido y al que no quería enfrentar. De ahí su vocación de viajero.

Además del poder curativo que emanaba de sus manos, siempre se enorgulleció del poder que sus manos tenían para crear seres fabulosos a los que destinaba por mundo un pequeño escenario y el álito de vida lo infundía su palabra. ¿Cuántos seres había dado concreción? ¿Cien, Mil?. No tenía presente el dato. De lo que sí era conciente era de que en cada personaje había un pedazo de sí. Su mente se había desdoblado hasta tal punto que cada nuevo títere era una clonación exacta de un sentimiento. Concluyó entonces que su personalidad era compleja, superaba la esquizofrenia, era lo que quería un desafío a quienes creen en la inmutabilidad del ser o a los idólatras o defensores de una personalidad estructurada.

Acabadas sus ya habituales divagaciones, se sorprendió con un majestuoso castillo de arena construido por él pero siguiendo exactamente las órdenes del inconsiente. "Es maravilloso", se dijo, y pensó en cuántas cosas le ocurrían sin darse cuenta o por pura casualidad. Releyó algunas frases de Freud impresas en su memoria y maldijo la indigencia de la vida consciente. Volvió a su memoria un diálogo que había tenido con una de sus hijas sobre el complejo de Edipo. No se acordó bien de la explicación dada en ese momento pero no ha borrado la imagen de su niña: preocupada y segura de que ese era su caso.

El día estaba alegre, las cosas tenían un color único, los alrededores parecían monumentales frescos del mejor pintor realista; el viento cada segundo levantaba más arena, sus ojos enrojecieron y unas lágrimas cayeron sobre el ahora destruido castillo.

Pensó en la muerte, asemejó el instante último al momento en que sus ojos se cerraron bruscamente por la arena y el estado posterior, lo que los cristianos denominarían cielo, infierno o purgatorio, con un abrir de ojos que sólo nos lleva a percibir un castillo en ruinas, el polvo informe, la nada.

Llevó la mano derecha a su cansado corazón, se dió unas palmaditas en el pecho y dijo en voz baja: "Tranquilo mi chino, todavía nos queda mucho por recorrer, aún con mis muñecos podemos despistar a Thanátos, no sabrá a ciencia cierta quien soy yo, urgará cada títere para encontrar mi alma, tal vez cuando la halle ya no exista".

Se levantó jubiloso y a paso lento regresó a su cabaña en el Rodadero, alcanzó sus viejas maletas y con su ropa y muñecos partió hacia Barranquilla allí, en sus sueños, lo esperaba un proyecto.

granitocafecito@hotmail.com